En su libro de poesía breve, Estancias, Javier Sologuren profundiza en lo iniciado ya con Otoño, endechas, en tanto que la espiritualidad va ganando territorio, para llegar a la construcción de enunciados poéticos muy intensos en el contenido, sencillos y breves en la forma. El título de esta obra da cuentas de un estado de contemplación en la cual el hablante mira y observa con detenimiento cada una de las situaciones que implican ejercicios complejos de significado. El arte como sublimación de la experiencia humana es un eje fundamental para la lectura.
Estancias 19
¡Qué sabor en el pan,
qué fáciles los pasos,
qué llevadero todo
sabiéndote a mi lado,
Amistad, cuánto gozo
en tu apretón de manos!
La materia que convive con la humanidad, el alimento y las emociones, son abordadas por este sensible texto que ensalza el valor de la amistad, y que al mismo tiempo, simboliza en las cosas cotidianas, en este caso, en el pan. La vida sigue siendo camino, pero la ruta indicada en esta Estancia es de alegría y esperanza.
Estancias 22
Cuerpo a cuerpo,
Hombre y Mujer,
se irán quemando
en el fuego blanco
del amor.
Mano a mano
levantarán el árbol
de la vida,
y su aire y sus pájaros.
Hombre y Mujer,
descubrirán que el mundo
es compañía
y un mismo sol
calentará sus huesos,
y un mismo anhelo
los mantendrá despiertos.
Llevando a desarrollo el erotismo y la experiencia amorosa como una continuidad que explora el mundo. La conjunción de los amantes implica un acto de descubrimiento y espiritualidad clara. El poema recalca la vitalidad del amor, tanto por estar formalmente construido en versos breves y de ágil lectura, como también, por verbalizar procesos físicos dinámicos (se irán quemando/ descubrirán que el mundo/calentará sus huesos/los mantendrá despiertos).
Anotado
durante el martes, 12 de agosto de 2008
a las 12:33
comments feed
.
